Dolor agudo y deterioro inmunológico
URL canonica: https://calculadoras.nmn.mx/articulo/dolor-agudo-deterioro-inmunologico
Tipo: ARTICULO
Areas terapeuticas
- Analgesía
Contenido
El dolor es un estresor y, como tal, tiene efectos fisiológicos y psicológicos. A nivel del sistema nervioso central y el eje hipotálamo-pituitaria-glándulas-suprarrenales, se percibe en una serie de complejas señalizaciones neurosensoriales que incluyen la liberación de catecolaminas y péptidos, como las endorfinas, y también corticosteroides, como el cortisol.
En esta comunicación bidireccional entre el sistema inmune y el sistema neuroendocrino se afectan mutuamente, tal como sucede en las interacciones sistémicas con el resto del organismo. La activación del sistema nervioso central y el eje hipotálamo-pituitaria-cortezasuprarrenal afectan la función inmune a través de múltiples mecanismos.
Todos los estresores, como hablar en público, exámenes escolares, etcétera, suprimen la actividad de las células NK y ocasionan un desequilibrio en la respuesta inmune mediada por células. Este fenómeno es una respuesta saludable para prevenir el daño inicial y acelerar la recuperación del tejido; sin embargo, cuando el dolor está fuera de proporción al daño, está implicado un proceso patológico.
La severidad del dolor está determinada por una compleja integración de señales periféricas, centrales, límbicas y corticales con una potencial mediación inmune. Los factores psicosociales como el estado de ánimo y la edad pueden alterar esta percepción del dolor.1, 2
El dolor es iniciado por la activación de neuronas somatosensoriales llamados nociceptivas que se encuentran en la piel, córnea, tracto genitourinario, tracto gastrointestinal, articulaciones, huesos, músculos y en vísceras profundas. Los nociceptores expresan sensores moleculares en las terminales nerviosas como los receptores acoplados a proteínas G. Estos sensores detectan estímulos nocivos e inflamatorios, incluyendo químicos irritantes, temperaturas perjudiciales (frío o calor), daño mecanismo, mediadores inmunes (citocinas, bradicinina, histamina) y el ATP.3
Estos nociceptores también detectan patógenos bacterianos y productos microbianos como las toxinas formadoras de poros durante la infección. Al detectar este estímulo nocivo, los potenciales de acción son generados en las terminales nociceptivas que son transmitidas al cuerno dorsal de la médula espinal y después procesado a nivel central como dolor. Por lo que existe una función compartida de los nociceptores con el sistema inmunológico para proteger al organismo del peligro, coordinando la señalización del dolor con la respuesta inmune.3
Todos los animales y personas experimentan dolor en algún punto de sus vidas, ya que éste es necesario para la subsistencia; por ejemplo, el dolor ocasiona cambios en el sistema inmunes que provocan una disminución de la inmunidad. También suprime la citotoxicidad de las células NK, perjudica la respuesta proliferativa de las células mononucleares o esplénicas a los mitógenos y anticuerpos IgG en la exposición a antígenos.1
La recuperación en la cirugía presenta una reducida capacidad de respuesta de los esplenocitos y linfocitos en respuesta a mitógenos, y suprime la actividad de las células NK además de disminuir los niveles de citocinas. La magnitud de la disminución en la inmunidad es proporcional a la magnitud de la invasión del procedimiento.1
Por otro lado, la activación de la inflamación neurogénica a través de la inmunidad innata juega un rol en la iniciación y el mantenimiento del dolor neuropático. La nocicepción que viaja por las aferentes nerviosas se comunica con el sistema inmune para producir una curación integral a los daños tisulares.
El daño tisular ocasiona liberación de moléculas llamadas «alarminas», que son reconocidas por los receptores Toll like, desencadenando una inflamación a través de fibras nerviosas nociceptivas. Estas fibras están activadas a través de los receptores de citocinas, receptores de daño y receptores asociados a patógenos moleculares.
Esta respuesta ocasiona una liberación de mediadores neuronales para incrementar el flujo sanguíneo, incrementa la sensibilidad del dolor y estimula la quimiotaxis de las células T en el sitio del daño.2
Los principales mediadores neuronales son neuropéptidos como la sustancia P; luego, estos pueden inciar el dolor en lugares próximos donde haya nociceptores. Por su parte, las citocinas son los principales efectores de la respuesta del daño tisular y se dividen en dos grupos dicotómicos:2
- Citocinas proinflamatorias: IL-1, TNF, IL-6, IL-15. IL-17, IL-18 e interferón gama.
- Citocinas antiinflamatorias: IL-4, IL-10 y factor transformante beta.
En el dolor crónico existe un desequilibrio en la respuesta de las citocinas, incrementando aquellas proinflamatorias.
Otro factor importante en la estimulación por dolor son las células de la microglia, así como los macrófagos del sistema nervioso central. Estudios recientes han mostrado que la activación de la microglia es importante en la modulación del dolor. El dolor crónico puede llevar a la proliferación de la microglia a nivel cerebral en la corteza, tálamo, amígdala e hipotálamo, resultando en una sensibilización central.
Después de un daño periférico las aferentes dañadas son capaces de liberar el factor estimulante de colonias F1 que desencadenará una proliferación en las células de la microglia, ocasionando que adopten un fenotipo proinflamatorio.2
El dolor también afecta la respuesta mediada por anticuerpos, sobre todo la inducida por la Inmunoglobulina G a través de una mimetización de nociceptores y activando las fibras nociceptivas. Eso se observa en patologías como el Guillain-Barré o con la exposición a antígenos estériles que pueden romper la tolerancia inmune.2
Referencias
Referencia(s):
- INTERNATIONAL ASSOCIATION FOR THE STUDY OF PAIN®. (2005). Acute Pain and Immune Impairment. Pain: Clinical Updates, Vol. 13, No. 1.Consultado el día 13 de Abril del 2021. Recuperado de: https://www.iasppain.org/PublicationsNews/NewsletterIssue.aspx?ItemNumbe... 2. Xu, M., Bennett, D. L. H., Querol, L. A., Wu, L. J., Irani, S. R., Watson, J. C., Klein, C. J. (2018). Pain and the immune system: emerging concepts of IgG-mediated autoimmune pain and immunotherapies. Journal of Neurology, Neurosurgery & Psychiatry, 91 (2), 177–188. Recuperado de: https://doi.org/10.1136/jnnp-2018-318556 3. Baral, P., Udit,S., & Chiu, I. M. (2019). Pain and immunity: implications for host defence. Nature Reviews Immunology, 19 (7), 433–447. Recuperado de:https://doi.org/10.1038/s41577-019-0147-2