Síndrome metabólico en niños y adolescentes

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Tipo: ARTICULO

Areas terapeuticas

  • Cardiometabolico

Padecimientos

  • Síndrome metabólico pediátrico

Contenido

El principal factor de riesgo para el desarrollo de síndrome metabólico en niños es la obesidad. Conforme la epidemia de obesidad infantil continúe incrementando, la prevalencia del síndrome metabólico crecerá en niños y adolescentes.1
 



  • Los niños con síndrome metabólico tienen un riesgo incrementado de padecer síndrome metabólico en su etapa adulta, así como un riesgo incrementado de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.1

El síndrome metabólico se define como un conjunto de síndromes o factores metabólicos, fisiológicos, bioquímicos y clínicos que, directamente, incrementan el riesgo de aterosclerosis, diabetes mellitus 2 y mortalidad.1

  • Actualmente, no existe consenso en los criterios diagnósticos de síndrome metabólico en la población pediátrica, y se han reportado más de 40 definiciones hasta el momento. Aunque estas definiciones tienen muchas similitudes en común, son importantes los parámetros y puntos de corte para un adecuado seguimiento y estudio epidemiológico.1

En el 2007 se estableció que los niños, entre 10 a 16 años de edad, debían cumplir con los criterios de síndrome metabólico para adultos. Entre estas edades, la circunferencia abdominal debía ser diagnóstico de obesidad abdominal (síndrome metabólico) en el 90% de la percentila.2
 



 

El síndrome metabólico es altamente inestable en los niños.

  • Un niño puede contar con un criterio al inicio y cumplir con otro poco tiempo después. No está claro si estas variaciones representan una mejora o un deterioro del estatus de salud. Por ese motivo, la Sociedad Americana de Pediatría recomienda identificar a los niños con claros y múltiples desórdenes metabólicos para tomar decisiones e intervenciones dirigidas en aquellos con más alto riesgo cardiometabólico.2
  • Dada la complejidad de la definición, tampoco existe una guía de tamizaje o screening para identificar población de riesgo. La Sociedad Americana de Diabetes, en su lucha contra la obesidad infantil, recomienda la evaluación de obesidad infantil en niños y adolescentes como primera línea para identificar riesgos cardiometabólicos.2

Los niños con índice de masa corporal, por arriba de la percentila 95, deben ser canalizados a un programa de manejo de peso.2

 

Aparte del tamizaje de obesidad, los niños deben checarse la presión arterial anualmente en búsqueda de hipertensión, utilizando métodos auscultatorios tradicionales. La medición de colesterol no-HDL o el perfil de lípidos en ayunas debe realizarse en todos los niños (de 9 a 11 años de edad), pues esto identificará a aquellos con síndromes hereditarios (p. ej., dislipidemias) o que tengan triglicéridos altos y bajos niveles de HDL debido a un síndrome metabólico.2

 



  • No se recomienda el tamizaje de insulina para búsqueda de resistencia a la insulina. El tamizaje para búsqueda de intolerancia a la glucosa es importante, ya que la hiperglucemia es un factor de riesgo para síndrome metabólico. Los métodos de tamizaje incluyen: hemoglobina glucosilada, glucosa en ayunas y pruebas aleatorias de glucosa. Los niños de 10 años o mayores con un índice de masa corporal por arriba de la percentila 85 deben ser evaluados cada 2 años con una prueba de glucosa en ayunas.2
  • Al realizar el diagnóstico de obesidad infantil o síndrome metabólico, el clínico debe recomendar cambios en el estilo de vida, ya que éstos han demostrado beneficio y son la primera línea de tratamiento. Un estudio observacional prospectivo en niños con sobrepeso encontró que una reducción del índice de masa corporal de 0.25, o mayor, mejoró la hipertensión, la hipertrigliceridemia y los bajos niveles de HDL, mientras que aquellos con >0.5 tuvieron el doble de beneficio.3

Las guías de práctica clínica de la Sociedad Americana de Endocrinología recomiendan una actividad física de moderada a vigorosa durante 20 minutos cada día, así como no utilizar pantallas (computadoras, televisión, celular u otros) alrededor de 60 minutos o un máximo de 1-2 horas (por día) para desalentar el comportamiento sedentario.3

 

  • La actividad física no solo se relaciona con la pérdida de peso, sino con un incremento en la sensibilidad a la insulina. No se conoce con exactitud el tipo de ejercicio para el síndrome metabólico en niños, pero se recomienda una combinación de ejercicios aeróbicos bajos y ejercicios de resistencia.3

     

  • La retroalimentación positiva de una ganancia de fuerza puede mejorar la autoestima del niño y el cumplimiento de las rutinas. Además, cualquier tipo de ejercicio (resistencia, aeróbico o combinado) es benéfico para disminuir los niveles de presión arterial.3
     

Referencias

Referencia(s):

 

  1. Al-Hamad, D., & Raman, V. (2017). Metabolic syndrome in children and adolescents. Translational pediatrics, 6(4), 397–407. Recuperado de: https://doi.org/10.21037/tp.2017.10.02
     
  2. Magge, S. N., Goodman, E., Armstrong, S. C., COMMITTEE ON NUTRITION, SECTION ON ENDOCRINOLOGY, & SECTION ON OBESITY (2017). The Metabolic Syndrome in Children and Adolescents: Shifting the Focus to Cardiometabolic Risk Factor Clustering. Pediatrics, 140(2), e20171603. Recuperado de: https://doi.org/10.1542/peds.2017-1603
     
  3. Tagi, V. M., Samvelyan, S., & Chiarelli, F. (2020). Treatment of Metabolic Syndrome in Children. Hormone Research in Paediatrics, 93(4), 215–225. Recuperado de: https://doi.org/10.1159/000510941